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martes, 14 de febrero de 2017

NUEVOS MODOS DE ENTENDER LAS ESCUELAS.


Cambios sociales, políticos, económicos, culturales...

En los últimos años nos enfrentamos a cambios en cualquier ámbito de la sociedad, debido a la gran interferencia que tienen los ya, cada vez más avanzados, dispositivos digitales y que han calado de lleno en nuestras vidas. Podemos hacernos muchas preguntas respecto al tema, por ejemplo, ¿podríamos vivir sin realizar al menos una búsqueda en Internet al día? ¿Por qué al levantarnos lo primero que hacemos es mirar el móvil o cualquier dispositivo digital y que además tenga acceso a Internet? ¿Hemos pasado en los últimos años de lo sólido a lo líquido?

Hablar de lo sólido y lo líquido es una metáfora para caracterizar los procesos de cambio sociocultural actuales, impulsados por la omnipresencia de las tecnologías de la información y comunicación. La metáfora nos sugiere que el tiempo actual –su cultura digital– es un fluido de producción de información y conocimiento inestable, en permanente cambio, en constante transformación, como contraposición a la producción cultural desarrollada –principalmente en Occidente a lo largo de los siglos XIX y XX– donde primó la estabilidad e inalterabilidad de lo físico, de lo material, de lo sólido. Bauman (Cit. Area y Ribeiro, 2012, p.14)

Seguramente, estemos viviendo uno de los cambios más acelerados y desarrollados con visión de futuro, de los que aún no somos ni conscientes… Si echamos la vista atrás unos veinte años, podemos recordar como las primeras personas que tuvieron acceso a la red, disponían de un cable que se asociara al teléfono de casa, y que cuando estábamos accediendo a ella, no podíamos recibir llamadas telefónicas. ¿Y ahora? En los últimos años, la mejora del acceso a la red en casa nos llevó a hacerlo necesario en nuestras vidas, llegando aproximadamente en 2011 a España los primeros dispositivos móviles con acceso a Internet en cualquier lugar. Sin afirmarlo, pero consciente de las palabras, se podría generalizar en nuestro país que la gran mayoría de personas disponen al menos de un ordenador con fibra óptica en casa, así como de al menos un móvil con acceso limitado o ilimitado a Internet. ¿Han sido o no acelerados los cambios?

Si esto lo relacionamos con nuestro campo, las escuelas, cuando nos adentramos en la mayoría de centros educativos, ¿qué vemos? Nos encontramos con un alumnado que vive de lo digital: móviles, tabletas, ordenadores, consolas, entre muchas otras tecnologías con las que conviven a diario. ¿Y qué hay en las aulas? Libros de texto, cuadernos, pizarras y muy pocos instrumentos manipulativos o digitales… En los mejores casos, el docente tiene en su mesa un ordenador y una pizarra digital, que casi siempre usa para proyectar el libro de texto de forma digital, y en otros, quizás si han tenido suerte, en un rincón del centro hay una habitación que guarda muchos portátiles, la mayoría incluso presenciamos la política educativa representada por Angulo y Bernal y OCDE (Cit. López-Gil y Bernal-Bravo, 2016) “Modelo 1:1 en el 2010 basado en la dotación de un portátil para cada alumno/a de quinto y sexto de Educación Primaria” (p106).

¿Tenemos una escuela digitalizada o digital?

Es aquí donde debemos hacer referencia a dos conceptos muy diferentes y a su vez confusos para la gran mayoría de las personas, especialmente, los docentes encargados de la educación, ¿qué tenemos y qué queremos escuelas digitales o escuelas digitalizadas?

La escuela digital es lo que acontece, es la tensión entre lo que fue y lo que será en los futuros próximos, con las fugas propias de una presión excesiva, que denotan los puntos más débiles del sistema. Mientras que la escuela digitalizada es lo que se proyecta por los diferentes agentes ante la idea de cada uno de lo que la Escuela en la sociedad informacional debe de ser. López-Gil y Bernal-Bravo (2016, p.105)

Si hacemos una rápida, comprensible y breve explicación de las principales diferencias entre la escuela digitalizada y la digital, es que la primera es la que asociamos a la gran mayoría de centros educativos, donde nos han llegado muchísimos instrumentos digitales, pero aún no sé qué hacer con ellos, cómo integrarlos de manera adecuada al proceso de enseñanza y aprendizaje del alumnado, en resumidas cuentas, no le doy el uso que deberían. Un ejemplo claro sería, en la Universidad de Cádiz (UCA), el alumnado recibe toda la información, se comunica, entre otros, mediante el Campus Virtual, ¿estamos ante una escuela digitalizada? Desde la forma en que entiendo, los nuevos modos de las escuelas es digital, pues es como si en vez de artículos subidos a la red, nos lo diesen en papel, pues hacemos lo mismo, carga de contenidos mediante un dispositivo digital. En este caso, no se acercaría a la forma en la que se entiende la escuela digitalizada, es necesario mencionar, que cuando se habla del campus de la UCA, no se asocia a ningún docente en concreto, los hechos son afirmados desde mi experiencia durante cinco años como alumna en la Facultad de CC de la Educación. Probablemente, habrá docentes que trabajen y doten al Campus Virtual del nuevo modo de entender las escuelas digitalizadas, que cuenta con los instrumentos para todo, son los recursos informacionales de más rápido y fácil acceso, y por ello, forman parte del proceso educativo. Es necesario recordar que la cultura digital es una competencia clave de la vigente ley de educación, la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa desde el primer ciclo de Educación Primaria:

La utilización básica del ordenador, el manejo de un procesador de textos y la búsqueda guiada en Internet, contribuyen de forma decisiva al desarrollo de esta competencia. Las TIC constituyen un acceso rápido y sencillo a la información sobre el medio, siendo además una herramienta atractiva, motivadora y facilitadora de los aprendizajes. (ORDEN, 2015)

Antes de continuar es imprescindible rescatar una noticia muy actual, publicada por EFE (2017) en la que el juez Calatayud, pedía que la Junta de Andalucía prohibiese el uso de los móviles en las escuelas, y que los docentes no se amparasen en que usan algunas aplicaciones para la enseñanza, pues lo describe como “una barbaridad”. El juez se basa en que es un modo de que surja el acoso escolar, pero debemos ser conscientes de que el móvil en este caso sería un instrumento más de acoso, pero no por impedirlos el acoso acabaría, pues hace quince años no existía este tipo de móviles, pero sí existía el acoso… ¿Es un poco incoherente desde el punto de vista docente, no creéis? No sería mejor formar a los docentes y que a su vez, éstos formen al alumnado en el uso de las tecnologías o partir de la base en que las escuelas se deben enseñar valores como el respeto, la tolerancia, la comprensión, el valor de las diferencias, relaciones sociales, entre otros. Si somos buenos educadores, no sería necesario eliminar los dispositivos de las aulas, pues estaríamos evitando cualquier tipo de acoso, no se puede “eliminar” el acoso pues es un problema social, pero sí tenemos que ser capaces de mediar y gestionar los conflictos, como cualquier otro problema o conflicto que surja.

¿Qué estamos haciendo? Si nosotros al levantarnos sentimos la necesidad de utilizar nuestro dispositivo para todo: leer las noticias, revisar nuestro WhatsApp, leer Facebook, ojear Twitter o incluso otros dar los buenos días mediante Instagram.

Esta nueva forma de relacionarnos con la información y el conocimiento debería implicar transformaciones en el modo en que se construyen y desarrollan los sistemas educativos y la formación docente, así como en el modo de concebir el conocimiento y la profesionalidad del profesorado. Pero aún hoy, las escuelas cambian con mayor lentitud que la sociedad en las que se ubican y no están dando respuestas a las demandas de los nuevos modos y formatos de información y gestión del conocimiento, que ya fuera de ellas son un hecho ineludible. López-Gil y Bernal-Bravo (2016, p.104)

¿Por qué está el alumnado tan excitado a lo digital fuera de las escuelas y en ella las eliminamos y caemos en las tentaciones más tradicionales que han existido? ¿Por qué hay personas que siguen creyendo que llevar un dispositivo digital a la escuela es malo? ¿Por qué debe ser malo si luego fuera de clase están sobre utilizados? Se puede afirmar que se tratan de “pedagogías emergentes” que aún no han calado en la educación.

Hoy podríamos definir las pedagogías emergentes como el conjunto de enfoques e ideas pedagógicas, todavía no bien sistematizadas, que surgen alrededor del uso de las TIC en educación y que intentan aprovechar todo su potencial comunicativo, informacional, colaborativo, interactivo, creativo e innovador en el marco de una nueva cultura del aprendizaje. (Adell y Castañeda, 2012, p.15)

¿Es un nuevo modo de aprendizaje que está siendo desaprovechado? 

Probablemente, como en cualquier otro ámbito, habrá personas que estén realizando investigaciones o incluso maestros que proponen innovaciones en sus aulas mediante el uso de éstos nuevos modos de entenderlas. Uno de los términos más confusos utilizados en relación a estas pedagogías es el de “nuevo” o “emergente” y es que:

Muchas tecnologías emergentes son nuevas, el mero hecho de ser nuevas no las convierte automáticamente en emergentes. Así pues, las tecnologías emergentes en educación pueden ser nuevos desarrollos de tecnologías ya conocidas o aplicaciones a la educación de tecnologías bien asentadas en otros campos de la actividad humana. Veletsiano (Cit. Adell y Castañeda, 2012, p.17)

Todos estamos al tanto de las nuevas formas educativas que han surgido en los últimos años, como pueden ser las que citan distintos autores y que han elaborado una selección de “nuevas pedagogías” en la que recogen como básicos los siguientes enfoques y autores:

El “aprendizaje 2.0” (Downes, Anderson, Alexander, Walton), algunas contraevidencias sobre “aprendizaje 2.0” (Redecker), el conectivismo (Siemens), las comunidades de aprendizaje/indagación (“enquiry”) (Wenger, Garrison y Anderson) tanto desde el punto de vista teórico como práctico, las comunidades de aprendizaje/indagación (Vygotsky, Garrison), el aprendizaje académico (“academic apprenticeship”) (Holme) el e-aprendizaje y la e-pedagogía (Mayes y Fowler, Cronje). Que han sido recogidas y detalladas por Beetham, McGill and Littlejohn (Cit. Adell y Castañeda, 2012, p.17)

Mediante esta entrada queremos hacer conscientes a las personas de los diferentes modos de vivir la educación, aunque la mayoría de los campos se da a edades más avanzadas como son escuelas de adultos, universidades, bachillerato o cursos no presenciales o semipresenciales que van de modo digital, en la mayoría de los casos, y no digitalizado.

Es cierto que se ha afirmado en Adell y Castañeda (2012) en relación a la web 2.0 que “es demasiado pronto para hablar de un nuevo paradigma, pero hay algunos elementos que no se ajustan fácilmente a los viejos paradigmas del e-learning” (pág. 6). Entre ellos, la red es la plataforma o el aprendizaje en cualquier lugar, la inteligencia colectiva o la construcción social del conocimiento, las bases de datos o etiquetas vs. descriptores, más allá de un simple dispositivo o aprendizaje en cualquier lugar, en cualquier momento y la riqueza de la experiencia de usuario o aprender de iguales. Bartolomé (Cit. Adell y Castañeda, 2012, p21)

Así como nos proponen la visión de los autores más destacados (Adell y Castañeda, 2010; Anderson y Krathwol, 2001; Churches, 2007, Couros, 2010; Marzano, 2000; McAlpine et al., 1999; Paavola y Hakkarainen, 2005; entre otros muchos) que nos permiten destacar algunos de los rasgos más relevantes de esos principios, en los que citaríamos, como mínimo, los siguientes:

1.   Poseen una visión de la educación que va más allá de la adquisición de conocimientos o de habilidades concretas. Educar es también ofrecer oportunidades para que tengan lugar cambios significativos en la manera de entender y actuar en el mundo.
2.   Se basan en teorías pedagógicas ya clásicas, como las teorías constructivistas sociales y construccionistas del aprendizaje, el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje trialógico, etc. y en ideas más “modernas”, como el conectivismo y el aprendizaje rizomático.
3.  Superan los límites físicos y organizativos del aula uniendo contextos formales e informales de aprendizaje, aprovechando recursos y herramientas globales y difundiendo los resultados de los estudiantes también globalmente. Se anima a que los participantes configuren espacios y ecologías de aprendizaje.
4.  Muchos proyectos son colaborativos, interniveles y abiertos a la participación de docentes y alumnos de otros centros de cualquier parte del mundo e incluso de otras personas significativas.
5.  Potencian conocimientos, actitudes y habilidades relacionadas con la competencia “aprender a aprender”, la metacognición y el compromiso con el propio aprendizaje de los estudiantes, más allá del curso, el aula, la evaluación y el currículum prescrito.
6.  Convierten las actividades escolares en experiencias personalmente significativas y auténticas. Estimulan el compromiso emocional de los participantes.
7.  Los docentes y los aprendices asumen riesgos intelectuales y transitan por caminos no trillados. Son actividades creativas, divergentes y abiertas, no mera repetición.
8.  En la evaluación se suele adoptar un margen de tolerancia que permite evidenciar los aprendizajes emergentes, aquellos no prescritos por el docente. (Adell y Castañeda, 2012, p.26-27)

A modo de conclusión, se ha de mencionar que a lo largo de las siguientes entradas iremos conociendo un poco más estos nuevos modos de entender la educación actual, basados en los cambios en los que vivimos la sociedad y que sería ilógico dejar fuera de las escuelas, por ello, los docentes debemos aprender más de ellos y ser conscientes de que son necesarios dentro de las aulas.

¡No dejes de leerme! 

Si no entiendes algo o no estás de acuerdo, comenta o escribe un correo a través del blog, te responderé tan pronto como lo vea.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Adell, J. y Castañeda, L. (2012). Tecnologías emergentes, ¿pedagogías emergentes? En J. Hernández, M. Pennesi, D. Sobrino y A. Vázquez (coord.). Tendencias emergentes en educación con TIC. Barcelona: Asociación Espiral, Educación y Tecnología. Pp. 13-32. ISBN: 978-84-616-0448-7

Area, M. y Pessoa, T. (2012). De lo sólido a lo líquido: las nuevas alfabetizaciones ante los cambios culturales de la Web 2.0. Revista Científica en Educomunicación, 38(19), pp. 14-20.  Recuperado de: http://dx.doi.org/10.3916/C38-2012-02-01

EFE. (2017). El juez Calatayud apuesta por que la Junta prohíba los móviles en clase. Recuperado el 14 de febrero de: http://www.ideal.es/granada/201701/29/juez-calatayud-pide-junta-20170129120649.html

Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa. 

López Fil, M. y Bernal, C. (2016). La cultura digital en la escuela pública. En La escuela pública: su importancia y su sentido, 85(30.1), pp. 103-110.


ORDEN 17 de marzo de 2015, por la que se desarrolla el currículo correspondiente a la Educación Primaria en Andalucía. Boletín Oficial de la Junta de Andalucía. Sevilla, 17 de marzo de 2015, 60, 14-390.  

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